San Valentín

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En ocasiones me preguntan que tengo de diferente con otros compañeros que también hacen fotografía boudoir, realmente no lo sé, ya que no acostumbro a inmiscuirme en el negocio de nadie, cada uno sabe lo que puede y debe hacer, aunque siempre estoy dispuesta a ayudar y abierta a que me asesoren o aconsejen. 

 Lo que si tengo claro en esa diferencia con otros compañeros es mi implicación con la mujer en un sentido amplio; su vida, circunstancias, problemática, su día a día, sus inquietudes, sus miedos, sus metas. Cuando una mujer me contacta para una sesión boudoir en ocasiones tienen claro el porqué quieren hacerlo, otras veces vienen recomendadas por amigas que ya han pasado por la experiencia y otras no saben exactamente que quieren (creo que en su subconsciente si tienen idea del porqué). Unas veces la relación se afianza y creamos lazos, otras veces vienen obtienen sus fotos y nunca más volvemos a tener contacto, y todo eso está bien; la vida es dejar fluir gente, sentimientos, cosas. 

 Y en esas circunstancias surgen pensamientos y meditaciones… Hace unos meses llegó a mí una mujer maravillosa, llena de cicatrices físicas y emocionales. Aún lucha con sus demonios, pero es fuerte y sé que lo conseguirá. Su historia vital está marcada por una relación de las que hoy llamamos “toxicas “. 

 Nos inculcaron una idea romántica del amor que nada tiene que ver con la realidad, el amor y lo que es vivir en pareja, matrimonio o como te guste denominarlo. No nos preparan para detectar esos personajillos que nos roban energía, que nos drenan y utilizan como algo de su propiedad, que nos lucen como trofeos y luego en la intimidad nos menoscaban y minan hasta acabar con nuestra voluntad. También hace poco, una amiga me decía que la culpa es nuestra. ¡Yo me rebelo ante esa premisa! ¡No!, no somos culpables, ya está bien de cargar con culpas, de sentirnos mal por algo que no queremos y se nos ha impuesto, lo último que necesita una mujer que ha sufrido maltrato (sea del tipo que sea) es cargar con sentimiento de culpa, ya se encargó “su amor” de hacerla sentir culpable por el daño que le infligía, y lo curioso de esta situación es que en ocasiones ni el agresor es realmente culpable… Nadie le diagnosticó una enfermedad invisible, nadie le enseñó lo que es amor, nadie le explicó que ser hombre no es ser más fuerte, más de todo. Él también es victima de esta sociedad que encorseta en roles, del patriarcado que se transmite de madre a hijo, de los cuentos que nos venden. 

 Por eso, cuando me llega una mujer que tiene un compañero de vida, de esos que entienden que amar es dejar a su pareja cumplir sus metas y sueños, que cuando su compañera se siente decaída y no sabe cómo ayudarla le dice sin complejos “cariño, no sé cómo ayudarte…Pero si esto no te sale bien yo te ayudaré a levantarte, esta y las veces que haga falta”, es en esas ocasiones cuando soy consciente de que el amor existe. Y es que San Valentín hay que celebrarlo, ¡claro que si!, celebramos mil cosas al año, ¿por qué no celebrar el amor? ¿Hay algo más bonito que celebrar el amor? Y no me digáis que es un producto comercial, porque lo es si tu lo quieres así, como otras mil festividades que celebramos y no decimos “es comercial”. No hace falta gastar una fortuna, ni siquiera un euro si no quieres. Regalaros momentos que os faltan en la rutina del día a día, sonrisas que las obligaciones opacan, caricias que son cortas y ahora las podéis alargar, haceros sentir sexys, amados, coged el álbum de bodas o el vídeo y recordad lo que os llevó a ese momento del “si quiero”, recordad el día que decidisteis vivir juntos y formar una familia, luego descorchad una botella de vuestro vino preferido, brindad por el amor y tened “un polvo increíble” 

 ¡FELIZ SAN VALENTIN!

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